martes, 22 de abril de 2014

Fortune's fool

El chico tenía las mejores intenciones, todo se resolvería por el simple hecho de que estaba enamorado.
La rivalidad de su familia con la de su amada, se superaría, todos sería reconcilación y armonía... porque él y Julieta estaban enamorados.
Pero no funcionó, el primo de su amada mata a su mejor amigo, y el mata al primo de su amada... y ante ello, el lamento - central en la obra de Shakespeare -  "I'm fortune's fool"...
Si me preguntan por la escena que me dejó impactada de la película "Romeo + Julieta" de Baz Luhrmann es donde Leonardo Di Caprio, debajo de la lluvia, mira al cielo y grita "I am fortune's fool"... en la versión castellana, el grito de Romeo dice... "soy juguete del destino"... en realidad - pienso - debería decir "soy el tonto que confió en la fortuna" (muy largo en español) ... para más o menos darle el sentido de furia e impotencia de alguien que ve frustradas sus mejores intenciones, cuando no es la intención acompañada por la emoción personal, sino la voluntad de los otros lo que impide que el imaginario e inocente "felices para siempre" funcionará.
Tal vez sea esta la razón por la que Shakespeare apasiona, y por la que se tienen tantas dudas sobre si en efecto fué él quien escribió las obras, o algún autor anónimo, más ilustrado y más cercano a la fragilidad de la naturaleza humana quien fué el escritor "fantasma" que legó su gloria a William Shakespeare (la película "Anonimus" ilustra maravillosamente esta cuestión, por cierto).
Cosa curiosa, creo que esa es la frase central de la obra "Romeo y Julieta"... y ese fué el segundo oscar que el ingrato de Hollywood le ha negado a Leonardo Di Caprio (o quizá no bastan los personajes que ha interpretado... tal vez todavía no se tropieza con el personaje ¿incuestionable?)... en fin... es la frase central porque así vivimos... las buenas intenciones personales se tropiezan con la voluntad de los demás, y allí es imposible que las cosas funcionen como uno quisiera, funcionan como el otro responde, y a mi vez yo respondo... si no me doy cuenta y busco la mejor forma de responder en lugar de dejar que mis emociones fluyan, entonces no queda otra que gritarle al cielo mi impotencia... "I'm fortune's fool".
Pero, quizá después de gritar, uno despeje la mente y comience a buscar soluciones - inteligentes, por favor, uno no puede quedarse en el rollo calenturiento de aquéllos adolescentes que terminaron muertos porque pensaron que el verdadero amor solo lo podían encontrar más allá de la vida; allí, en realidad, no tendrían que vérselas con la fortuna.




viernes, 18 de abril de 2014

Buena memoria

"¿Buen escritor? No sé. Sé que mi hijo tiene muy buena memoria, porque todo esto que escribió se lo han contado"
Bueno, esta es la anécdota aquélla de la mamá de Gabriel García Márquez cuando la entrevistaron sobre sus impresiones respecto a su hijo, ganador en aquéllos tiempos del Nobel de Literatura.
Algo tenía que decir al respecto, y la realidad es que la huella de la memoria - mi memoria - en relación con García Márquez es amplia y comienza en el cuarto semestre - o tercero, no recuerdo - de la prepa, cuando en clase de literatura hispanoamericana la Miss Esther tuvo que dividir una buena cantidad de lecturas (como 5) entre los equipos del grupo, porque había que cumplir con el programa.
Al menos dos libros del Gabo nos tuvimos que leer en el grupo, a mi equipo le tocó "El coronel no tiene quien le escriba"... el otro título era más largo, se abrevia "El relato de un náufrago... etc.".
Nunca había leído a ese señor, pero sabía que era más o menos famoso por haber escrito "Cien años de soledad", el relato de "El coronel" era más corto.
Habrá que confesarse, yo cursé el bachillerato en la segunda mitad de la década de los 70 (por eso me encantaba "That 70's Show), el periódico que se compraba en casa era el Excélsior (de Scherer), las monjas del colegio venían de El Salvador y su confesor era jesuita... me bebí la teología de la liberación sin darme cuenta.
También me bebí, y eso sin que los benedictinos que eligieron el sistema CCH se dieran o no cuenta (no lo creo, venían de Minnesota) unas buenas clases de marxismo (venían en el programa).
¿Qué tiene que ver todo esto? bueno, si la experiencia y el cambio solo son posibles porque la memoria funciona, leer "El coronel..." me dejó impávida... ¿por la narrativa?... yo soy de las que leo y me embarco con el escritor... no opino de las figuras, las metáforas, el amplio y contundente dominio del lenguaje... me voy con la narrativa y la acompaño hasta el final, si lo que leo me gusta.
¿Qué tenía el coronel? abulia, decepción, esperanza inútil, un gallo, hambre, pobreza... eso era y sigue siendo América Latina... incapaz de hacer otra cosa que esperar la gracia del gobierno, el hombre representaba y representa a un continente que no termina por resolver sus problemas.
Así, más o menos, lo puse en ese trabajo, y así lo sigo pensando... ya después - en un verano - me tomé mi tiempo para explorar Macondo y conocer a los Buendía... para leer la "Increible y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada", encontrar al náufrago, conocer la noticia de un secuestro, reconocer que hay amores que son pacientes, sin límite y todo lo demás... vaya, hasta me inscribí en dos seminarios de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y conocí más historias y más escritores de los que he aprendido que lo que se llama "realismo mágico" es realidad, porque el Coronel, sigue esperando.

p.d. Le dije a quien preguntó en Facebook que una de las historias que más me impactó - a pesar del "Amor y otros demonios", de "El amor en los tiempos del cólera", de las "Memorias de mis putas tristes", es "Los funerales de la Mamá Grande"... porque para ser dueña y señora de los destinos de los demás, tienes que renunciar a ser dueña y señora del tuyo... triste, amarga y posiblemente real, la vida de Rosario... y tal vez un poco parecida a la mía.


sábado, 29 de marzo de 2014

La vida que te toca

Esta es la realidad, a menos de que uno padezca de esquizofrenia... solo puedes vivir la vida que te toca.
A veces, quisiera vivir en subjuntivo, si hubiera, si fuera, si pudiera... pero no hay, no soy, no puedo... a veces quisiéramos que la vida fuese distinta... que no tuviera a esa pequeña que me cuestiona tanto con su discapacidad, que en realidad es capacidad para otras cosas, con ese hijo que considero mi "misterio gozoso", con ese hoy negro que hace algo más que chuparme energía... me muerde, me duele, me pone enfrente mis limitaciones, mi impotencia, mis necesidades.
Pero sucedió ayer, apenas, entre el "quisiera que las cosas fueran distintas" y el cuestionamiento, surgió la respuesta... uno solo puede vivir la vida que le toca... y solo puede elegir sobre esa vida... acabo de leer algo que me movió... solo se puede apreciar el cambio desde la memoria.
Uno tiene que hacerse cargo de lo que le toca... y solo puede decidir en que convierte esa vida... como los bloques de mármol... ¿qué clase de escultura terminará representándote?
Lo que nos toca, con quien nos toca... y de allí... la tarea es hacer que valga la pena...

sábado, 15 de febrero de 2014

Arcoíris

La lluvia llega de manera abrupta a la mitad de una tarde que evoca a lo que alguna vez fue "la región más transparente", cielo azul, sin nubes, sol que comienza el descenso por el occidente.
La lluvia llega, y la presencia del sol convierte la tarde en una fiesta de luz descompuesta...
"Mira, el cielo te regala un arcoíris", la frase me la regalaron una tarde parecida a esta.
Hoy, la fiesta de la descomposición de la luz obsequia a quien se da el tiempo de hacer la pausa no uno, sino dos:


Atizapán, Estado de México, 12 de febrero de 2014, 17:30 hrs. (aprox).


Hay quien abraza un árbol al día para sentirlo... yo prefiero mirar al cielo cuando aquéllo que todavía no acabo de entender sobre la vida y la materia, me regala una tarde como esta, que no es otra cosa que darme la oportunidad disfrutar ese preciso momento.

martes, 11 de febrero de 2014

¿Cuál fue la pregunta?

La convivencia con los demás puede ser un arte o puede ser un infierno... la diferencia está en elegir si la vamos llevando así nada más, pensando únicamente en la manera en que los demás responden a mis intereses, o si pongo atención, reflexiono, busco respuestas, entro en diálogo, construyo...
Si opto por lo primero, enfoco mi energía al desgaste, pues asumo la actitud de que los otros debieran actuar conforme mis directivas, que me tienen que adivinar el pensamiento... y como esto no sucede, y menos conforme a mis expectativas o mis estándares (que suelen ser muy exigentes para con los demás), me enojo, me desgasto, me peleo, rompo - pero no suelto.
Si hago lo segundo... también hay inversión y gasto de energía, pero en el esfuerzo se ven los resultados. Ningún diálogo garantiza respuestas, cambios o resultados inmediatos... hay que ser pacientes, construir, indagar y esperar a que surja la mejor respuesta, pero primero hay que hacer una pregunta.
Sucedió hoy, llevo días.... semanas, peleándome conmigo misma y resollando de impaciencia porque mi hija me hace como quiere... me pliego a sus deseos en los espacios que el trabajo me lo permite... y ni ella ni yo ganamos nada.
No es sencillo, uno se acostumbra a ver a los hijos como los bebés que un día tuvo en los brazos; más aún, uno se acostumbra a pensar que su chiquito con discapacidad nunca va a madurar... pero no madura porque no lo dejas. De hecho, los padres de hoy vivimos tan obsesionados con nuestros hijos que nos sometemos a sus directivas, y les amarramos las alas - porque no queremos verlos enojados con nosotros, adoloridos, distantes... en mi caso, porque le tengo miedo a los berrinches de mi hija hasta que comprendí que es conmigo con quien se luce.
Hoy llegué a la conclusión que no puedo tenerle paciencia infinita para que ella termine lo que está haciendo, si de esto depende que lleguemos temprano a la escuela y al trabajo; tampoco puedo gritar, descontrolarme o insultar... ¿qué hago? Esa fue la pregunta que formulé hoy.
Con el paso de la mañana, llegó sola la respuesta... "hay que tratarla como lo que es": una persona capaz de modificar por sí misma su comportamiento, de crecer no porque la empujen, sino porque puede utilizar sus propios recursos; si la sigo viendo como mi niñita, yo sola le estaré cortando las alas.
Ya tengo la respuesta... habrá que mantener el propósito y perseverar en el asunto, después de todo, ya casi tiene 18 años.