Esta es la realidad, a menos de que uno padezca de esquizofrenia... solo puedes vivir la vida que te toca.
A veces, quisiera vivir en subjuntivo, si hubiera, si fuera, si pudiera... pero no hay, no soy, no puedo... a veces quisiéramos que la vida fuese distinta... que no tuviera a esa pequeña que me cuestiona tanto con su discapacidad, que en realidad es capacidad para otras cosas, con ese hijo que considero mi "misterio gozoso", con ese hoy negro que hace algo más que chuparme energía... me muerde, me duele, me pone enfrente mis limitaciones, mi impotencia, mis necesidades.
Pero sucedió ayer, apenas, entre el "quisiera que las cosas fueran distintas" y el cuestionamiento, surgió la respuesta... uno solo puede vivir la vida que le toca... y solo puede elegir sobre esa vida... acabo de leer algo que me movió... solo se puede apreciar el cambio desde la memoria.
Uno tiene que hacerse cargo de lo que le toca... y solo puede decidir en que convierte esa vida... como los bloques de mármol... ¿qué clase de escultura terminará representándote?
Lo que nos toca, con quien nos toca... y de allí... la tarea es hacer que valga la pena...
sábado, 29 de marzo de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
Arcoíris
La lluvia llega de manera abrupta a la mitad de una tarde que evoca a lo que alguna vez fue "la región más transparente", cielo azul, sin nubes, sol que comienza el descenso por el occidente.
La lluvia llega, y la presencia del sol convierte la tarde en una fiesta de luz descompuesta...
"Mira, el cielo te regala un arcoíris", la frase me la regalaron una tarde parecida a esta.
Hoy, la fiesta de la descomposición de la luz obsequia a quien se da el tiempo de hacer la pausa no uno, sino dos:
Hay quien abraza un árbol al día para sentirlo... yo prefiero mirar al cielo cuando aquéllo que todavía no acabo de entender sobre la vida y la materia, me regala una tarde como esta, que no es otra cosa que darme la oportunidad disfrutar ese preciso momento.
La lluvia llega, y la presencia del sol convierte la tarde en una fiesta de luz descompuesta...
"Mira, el cielo te regala un arcoíris", la frase me la regalaron una tarde parecida a esta.
Hoy, la fiesta de la descomposición de la luz obsequia a quien se da el tiempo de hacer la pausa no uno, sino dos:
Atizapán, Estado de México, 12 de febrero de 2014, 17:30 hrs. (aprox).
Hay quien abraza un árbol al día para sentirlo... yo prefiero mirar al cielo cuando aquéllo que todavía no acabo de entender sobre la vida y la materia, me regala una tarde como esta, que no es otra cosa que darme la oportunidad disfrutar ese preciso momento.
martes, 11 de febrero de 2014
¿Cuál fue la pregunta?
La convivencia con los demás puede ser un arte o puede ser un infierno... la diferencia está en elegir si la vamos llevando así nada más, pensando únicamente en la manera en que los demás responden a mis intereses, o si pongo atención, reflexiono, busco respuestas, entro en diálogo, construyo...
Si opto por lo primero, enfoco mi energía al desgaste, pues asumo la actitud de que los otros debieran actuar conforme mis directivas, que me tienen que adivinar el pensamiento... y como esto no sucede, y menos conforme a mis expectativas o mis estándares (que suelen ser muy exigentes para con los demás), me enojo, me desgasto, me peleo, rompo - pero no suelto.
Si hago lo segundo... también hay inversión y gasto de energía, pero en el esfuerzo se ven los resultados. Ningún diálogo garantiza respuestas, cambios o resultados inmediatos... hay que ser pacientes, construir, indagar y esperar a que surja la mejor respuesta, pero primero hay que hacer una pregunta.
Sucedió hoy, llevo días.... semanas, peleándome conmigo misma y resollando de impaciencia porque mi hija me hace como quiere... me pliego a sus deseos en los espacios que el trabajo me lo permite... y ni ella ni yo ganamos nada.
No es sencillo, uno se acostumbra a ver a los hijos como los bebés que un día tuvo en los brazos; más aún, uno se acostumbra a pensar que su chiquito con discapacidad nunca va a madurar... pero no madura porque no lo dejas. De hecho, los padres de hoy vivimos tan obsesionados con nuestros hijos que nos sometemos a sus directivas, y les amarramos las alas - porque no queremos verlos enojados con nosotros, adoloridos, distantes... en mi caso, porque le tengo miedo a los berrinches de mi hija hasta que comprendí que es conmigo con quien se luce.
Hoy llegué a la conclusión que no puedo tenerle paciencia infinita para que ella termine lo que está haciendo, si de esto depende que lleguemos temprano a la escuela y al trabajo; tampoco puedo gritar, descontrolarme o insultar... ¿qué hago? Esa fue la pregunta que formulé hoy.
Con el paso de la mañana, llegó sola la respuesta... "hay que tratarla como lo que es": una persona capaz de modificar por sí misma su comportamiento, de crecer no porque la empujen, sino porque puede utilizar sus propios recursos; si la sigo viendo como mi niñita, yo sola le estaré cortando las alas.
Ya tengo la respuesta... habrá que mantener el propósito y perseverar en el asunto, después de todo, ya casi tiene 18 años.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Soledades
"A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para estar conmigo,
me bastan mis pensamientos"
Lope de Vega
Puede un@ estar rodeado de personas, pero la sensación de pronto surge desde dentro, muerde, abre espacio, comienza a sentirse en el centro de un@ mismo el agujero negro, que devora la materia, la pulveriza, desbarata la esencia... es la sensación de soledad... de incompletud; un@ vive rodeado de personas, pero la soledad viene de dentro.
Hay días así, temporadas así, que uno los vive con la sensación de vacío; y comienza a atiborrarse de cosas, de comida, de experiencias... nada te llena, y no te das cuenta que te estás devorando a tí mism@.
Hoy descubrí que hay aprendizajes esenciales, que no se enseñan en nigún lado porque nadie supone que debamos aprenderlos... no hay aprendizaje más duro o tarea más dura que vivir con un@ mism@, trabajar para superarse a un@ mism@, disciplinar la voluntad, contener el vacío y dejar surgir la esencia.
Pero actuamos en el sentido contrario, depositamos en otra figura lo que pensamos nos complementa, pensamos que ese otro nos descargará de lo que nos corresponde hacer... eligirá bien por un@, se hará cargo de vivir lo que nos corresponde... y esto es imposible, pero no lo entendemos.
Tal vez porque el 14 de febrero es inminente, y los anuncios de "el amor en los tiempos del internet" me tienen hasta la coronilla... pero yo no podría confiarle a las redes sociales, a la urgencia del cuerpo, o a la necesidad del alma lo que tengo que conseguir de mi misma, la energía para cerrar el agujero y vivir en paz conmigo.
Eros y Psique, Antonio Canova (1793)
Museo del Louvre
domingo, 26 de enero de 2014
Tenga para que se entretenga
Compré "El principio del placer" en la Comercial Mexicana, me costó $3790.00 de los de muy antes; sin duda, eran otros tiempos, los libros de la editorial Joaquín Mortiz se vendían tanto en librerías como en supermercados y podías conseguir ediciones interesantes junto con el jamón y el detergente, sin que tuviesen que hacer convenios con la librería Gandhi... aunque bien a bien, no me acuerdo en cuál Comercial Mexicana pude haber comprado el libro, y sé que lo hice porque todavía tiene la etiqueta.
De ese título en particular, me llamó la atención el cuento titulado "Tenga para que se entretenga", una historia de misterio, ambientada en ese rincón del Bosque de Chapultepec que mira hacia Constituyentes y Avenida Chapultepec, rumbos por los que me gustaba andar cuando me comisionaban para hacer algunos trabajos en mi servicio social... tiempo ha, particularmente por esa sensación de tocar el pasado, y dejar por ahí algo del presente.
También recuerdo que compré - en primera edición - "Las batallas en el desierto" en una Librería del Sótano que ocupaba un galerón frente a la Alameda, después de que fue expulsada de las ruinas del Hotel del Prado, en el terremoto del '85. La historia de Carlitos y su imposible batalla contra los prejuicios reafirmaron mi convicción de que uno no tiene derecho a juzgar al otro basándose en sus prejuicios... actitud que hasta la fecha me puede hacer pasar por ingenua, aunque yo prefiero considerarme empática.
Soy adicta a la literatura, para mí la experiencia de leer pasa por dejarme arrebatar por la historia, seguirla, imaginar el personaje, calcular su dimensión humana; por un lado, me alegra no haber estudiado literatura, porque me hago bolas con el análisis, la mimesis, la gramática... para mi como se pusieron los ladrillos no es muy relevante, mientras el edificio tenga forma, tenga calidez, atraiga, te llegue al corazón, y después tal vez al cerebro... aunque no necesariamente.
... como José Emilio Pacheco, yo también daría la vida por diez lugares de mi patria...
"... cierta gente,
puertos, bosques de pino,
fortalezas,
una ciudad desecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas,
- y tres o cuatro ríos."
José Emilio Pacheco, Alta traición.
De ese título en particular, me llamó la atención el cuento titulado "Tenga para que se entretenga", una historia de misterio, ambientada en ese rincón del Bosque de Chapultepec que mira hacia Constituyentes y Avenida Chapultepec, rumbos por los que me gustaba andar cuando me comisionaban para hacer algunos trabajos en mi servicio social... tiempo ha, particularmente por esa sensación de tocar el pasado, y dejar por ahí algo del presente.
También recuerdo que compré - en primera edición - "Las batallas en el desierto" en una Librería del Sótano que ocupaba un galerón frente a la Alameda, después de que fue expulsada de las ruinas del Hotel del Prado, en el terremoto del '85. La historia de Carlitos y su imposible batalla contra los prejuicios reafirmaron mi convicción de que uno no tiene derecho a juzgar al otro basándose en sus prejuicios... actitud que hasta la fecha me puede hacer pasar por ingenua, aunque yo prefiero considerarme empática.
Soy adicta a la literatura, para mí la experiencia de leer pasa por dejarme arrebatar por la historia, seguirla, imaginar el personaje, calcular su dimensión humana; por un lado, me alegra no haber estudiado literatura, porque me hago bolas con el análisis, la mimesis, la gramática... para mi como se pusieron los ladrillos no es muy relevante, mientras el edificio tenga forma, tenga calidez, atraiga, te llegue al corazón, y después tal vez al cerebro... aunque no necesariamente.
... como José Emilio Pacheco, yo también daría la vida por diez lugares de mi patria...
"... cierta gente,
puertos, bosques de pino,
fortalezas,
una ciudad desecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas,
- y tres o cuatro ríos."
José Emilio Pacheco, Alta traición.
sábado, 11 de enero de 2014
"Y a mí me traen mis juguetitos...
... los Reyes Magos"
Así declaraba aquélla un tal Pánfilo en aquella pieza cómico-musical- navideña que imitaba en español la grabación alusiva a la fecha por parte de "Alvin and the Chipmunks" en remotos años 70, cuando todavía se escuchaba mucho más que ahora la radio.
Mi abuelo materno (quien representa el lado capitalista de mi origen familiar) era un devoto mexicanista, lejano en cierta forma a aquella influencia de la época de Miguel Alemán que pretendió hacer de la clase media mexicana una imitación del bienestar gringo... en otras palabras, mi abuelo - por origen, no por lana - provenía de la burguesía porfiriana, venida a menos con la Revolución.
Muchas cosas formaron mi visión del mundo, pero recuerdo que entre la floreciente clase media del "milagro mexicano" hasta me sentía la excepción... mi abuelo me llevaba todos los años al altar de muertos para Diego Rivera en el Anahuacalli, conocí a Frida Kahlo antes que Madonna o Salma, e incluso en café "La Blanca" antes de que López Obrador decidiera pedir el desayuno todos los días en este establecimiento.
No abundo, mi madre nació en la Merced, que entonces era un barrio de clase media, y la Navidad no tenía como protagonista al gordo vestido de rojo, sino al Niño Jesús, al que arrullábamos todos los años en casa de mi Tía Toña, en una extraña peregrinación que organizábamos el mero 24 de diciembre para visitar a tíos abuelos que no veíamos en todo el año.
El 25 de diciembre, sin falta, el Niño Jesús nos traía ropa... ¡a los seis!... la explicación era concreta... un niño que nació sin nada, le traía calidez (para eso es la ropa) a los demás... y teníamos que esperar (oh tragedia en comparación con el resto de los compañeros de la escuela que sí se surtían con "Santaclós") al 6 de enero para que llegaran los Reyes.
Mucho tiempo estuve convencida de que los Reyes en efecto llegaban a mi casa... ¿de qué otra forma se puede explicar las toneladas (bueno exagero) de cosas que aparecían la mañana del 6 de enero en la sala de la casa si había que surtirle a seis hermanos y a veces les traían lo mismo? Una bici para cada quien, la misma muñeca para mí y para mi hermana, n cosas... lo que descubrí después es que mi mamá se pasaba todo el año ahorrando y pagaba a plazos los juguetes que escogíamos...
Por eso, no puedo dejar a mis niños sin Reyes... y los regalos de Navidad - solo en una ocasión - los trajo Santaclós... además, sigo convencida, los Reyes existen... porque ¿de qué otra manera puedo explicar el asunto de cuando trajeron a Godzilla?
Tenía el hijo cuatro o cinco años... las malas influencias de los dos adultos que lo trajimos al mundo ya le habíamos mostrado - a través del Disney Channel gringo - quien era Godzilla (el chamaco gozó con las tres películas clásicas del cine japonés, aunque no les entendía nada)... y claro... como los Reyes son Magos - o algo así - va la pregunta... "¿qué quieres que te traigan?"... y el chamaco declara "a Godzilla"...
(Favor de no opinar sobre la sacralidad de la fiesta y los monstruos japoneses)... y allí va la mamá... con toda la intención de hacer realidad el pedido... pero la película de Godzilla (1998) tardó año y medio en estrenarse y claro que no había monigotes alusivos... ¿cómo podrían los Reyes cumplirle al niño?
Para no hacer el cuento largo, me encontré a Godzilla en las tienditas de ¿artesanías? del malecón de Veracruz... un mono de plástico - made in China - con la figura de Godzilla... me costó nada... duró una eternidad y no destruyó ninguna ciudad, porque las edificaciones de mi hijo en aquél entonces eran absolutamente imaginarias.
Ese 6 de enero, los Reyes dejaron a Godzilla al lado del Nacimiento, y yo sigo creyendo que existen.
Así declaraba aquélla un tal Pánfilo en aquella pieza cómico-musical- navideña que imitaba en español la grabación alusiva a la fecha por parte de "Alvin and the Chipmunks" en remotos años 70, cuando todavía se escuchaba mucho más que ahora la radio.
Mi abuelo materno (quien representa el lado capitalista de mi origen familiar) era un devoto mexicanista, lejano en cierta forma a aquella influencia de la época de Miguel Alemán que pretendió hacer de la clase media mexicana una imitación del bienestar gringo... en otras palabras, mi abuelo - por origen, no por lana - provenía de la burguesía porfiriana, venida a menos con la Revolución.
Muchas cosas formaron mi visión del mundo, pero recuerdo que entre la floreciente clase media del "milagro mexicano" hasta me sentía la excepción... mi abuelo me llevaba todos los años al altar de muertos para Diego Rivera en el Anahuacalli, conocí a Frida Kahlo antes que Madonna o Salma, e incluso en café "La Blanca" antes de que López Obrador decidiera pedir el desayuno todos los días en este establecimiento.
No abundo, mi madre nació en la Merced, que entonces era un barrio de clase media, y la Navidad no tenía como protagonista al gordo vestido de rojo, sino al Niño Jesús, al que arrullábamos todos los años en casa de mi Tía Toña, en una extraña peregrinación que organizábamos el mero 24 de diciembre para visitar a tíos abuelos que no veíamos en todo el año.
El 25 de diciembre, sin falta, el Niño Jesús nos traía ropa... ¡a los seis!... la explicación era concreta... un niño que nació sin nada, le traía calidez (para eso es la ropa) a los demás... y teníamos que esperar (oh tragedia en comparación con el resto de los compañeros de la escuela que sí se surtían con "Santaclós") al 6 de enero para que llegaran los Reyes.
Mucho tiempo estuve convencida de que los Reyes en efecto llegaban a mi casa... ¿de qué otra forma se puede explicar las toneladas (bueno exagero) de cosas que aparecían la mañana del 6 de enero en la sala de la casa si había que surtirle a seis hermanos y a veces les traían lo mismo? Una bici para cada quien, la misma muñeca para mí y para mi hermana, n cosas... lo que descubrí después es que mi mamá se pasaba todo el año ahorrando y pagaba a plazos los juguetes que escogíamos...
Por eso, no puedo dejar a mis niños sin Reyes... y los regalos de Navidad - solo en una ocasión - los trajo Santaclós... además, sigo convencida, los Reyes existen... porque ¿de qué otra manera puedo explicar el asunto de cuando trajeron a Godzilla?
Tenía el hijo cuatro o cinco años... las malas influencias de los dos adultos que lo trajimos al mundo ya le habíamos mostrado - a través del Disney Channel gringo - quien era Godzilla (el chamaco gozó con las tres películas clásicas del cine japonés, aunque no les entendía nada)... y claro... como los Reyes son Magos - o algo así - va la pregunta... "¿qué quieres que te traigan?"... y el chamaco declara "a Godzilla"...
(Favor de no opinar sobre la sacralidad de la fiesta y los monstruos japoneses)... y allí va la mamá... con toda la intención de hacer realidad el pedido... pero la película de Godzilla (1998) tardó año y medio en estrenarse y claro que no había monigotes alusivos... ¿cómo podrían los Reyes cumplirle al niño?
Para no hacer el cuento largo, me encontré a Godzilla en las tienditas de ¿artesanías? del malecón de Veracruz... un mono de plástico - made in China - con la figura de Godzilla... me costó nada... duró una eternidad y no destruyó ninguna ciudad, porque las edificaciones de mi hijo en aquél entonces eran absolutamente imaginarias.
Ese 6 de enero, los Reyes dejaron a Godzilla al lado del Nacimiento, y yo sigo creyendo que existen.
lunes, 6 de enero de 2014
Vivir 100 años
El 3 de enero, el santoral católico marca "Santa Genoveva".
Genoveva fué una joven francesa que vivió a inicios de la Edad Media en la ciudad de Paris, cuando Paris solo era una aldea situada en una isla a la mitad del río Sena; desde allí, como predecesora de Juana de Arco, Genoveva organizó la defensa de la ciudad ante sus invasores... como podrán darse cuenta, a los franceses les gusta gestionar la elevación a los altares de mujeres aguerridas, emprendedoras, echadas para adelantes y que no dudan en ponerse a hacer lo que otros por alguna razón no hacen.
Esta historia la saqué del "Tesoro de la Juventud" que mi abuelo le compró a mi madre y a mis tíos... es decir, una edición antiquísima. Pero la anécdota solo es el pretexto para señalar la fecha y pensar en el carácter de alguien que ha sido muy importante para mi... mi Nane, la mamá de mi mamá.
Aguerrida, echada para adelante, autosuficiente... si bien la historia de Nane no es la historia típica de una niña feliz y protegida, es la historia de una mujer que - como lo dijo uno de mis tíos el pasado viernes - ha tenido en el dar y el darse su vocación de vida.
De Nane aprendí autosuficiencia, creatividad y resolución... aunque a veces se vea como una ancianita frágil y con una gran necesidad de llenar el hueco de cariño que le dejó la ausencia temprana de su madre y una historia familiar complicada; emprendedora hasta que la vida le puso el freno, capaz de reconstruirse una y otra vez, inagotable, y capaz de llegar a los 100 años... defendiendo una idea que para mi es una declaración de vida: no permitas que alguien se interponga entre tu esfuerzo y lograr lo que sueñas.
Esa es Nane, madre de 4 hijos, abuela de 14 nietos y bisabuela de 22 bisnietos... gestora y apoyo del éxito de muchos ahijados y sobrinos... señora con la casa abierta para recibir a todos, y con un plato siempre de más en la mesa... esa es mi Nane... y tiene mucho más de 100 años porque - como diría Mariana, mi sobrina, de ella venimos muchos quienes de alguna forma cultivamos y reproducimos lo que nos ha sembrado.
Gracias es una palabra muy corta para expresar todo lo que nos ha dado.
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