Crecí en una generación donde apenas se difundía la planificación familiar y tener hijos - en efecto - quedaba en manos de la biología personal, no de la tecnología; en los tiempos de la trancisión entre la pildora y otros métodos y tener todos los hijos que Dios enviara era el destino al que una se sometía sin más... a menos de que se fuera a dormir a otra habitación y se encerrara con llave; por ejemplo, a mi madre le mandaron seis, y con un poco más de insistencia supongo que habríamos completado el equipo de beisbol.
Las madres de la generación de mi madre, no se contentaban con ejercer únicamente con sus sus hijos... eran madres de tiempo completo y sus funciones las hacían extensivas a cualquier incauto que se atreviera a caer por su casa.
Mi madre, por ejemplo, fué madre - entre otros - de la banda de la colonia y de una generación completa de ingenieros en sistemas electrónicos... en contados casos ambos - la banda y la generación - coincidieron; lo interesante es que hasta la fecha ejerce sobre esta tribu (que ya incluye nietos), y su hermana no se queda atrás.
Hoy quiero hacer memoria de otras dos madres de tiempo completo con quienes tuve el privilegio de toparme... ejercieron su trabajo más allá de la esfera de sus propios hijos porque las funciones maternas alcanzaron a cualquiera que cayese en su esfera de influencia punto.
Ambas se marcharon en el transcurso de esta semana, siento la necesidad de decirle a sus hijos que comparto en cierta forma su sentido de orfandad, porque a mi ambas me dejaron algo.
Una de ellas, desde que la conocí, era toda una matriarca... mujer norteña, al estilo de las norteñas educadas para bastarse a sí mismas; entusiasta, emprendedora, "echada pa'delante" como dicen... tuvo tres hijos, que en cierto momento fueron y siguen siendo como mis hermanos... al menos así los siento (uno no necesariamente muy "hermano" ciertamente)... tengo muy presente que ella tuvo para mí lo que pocas personas tuvieron en un momento problemático... no es fácil dar la cara con parálisis facial, muchos hacen como si no la vieran aunque la vean... y uno tiende a cubrirse la boca para disimular el espantoso gesto que se esboza (y la tremenda frustración que se siente)... ella solo dijo una cosa: mira de frente y quítate la mano de la boca... y lo hice... y entendí que lo que importa es dar la cara... se lo debo, se lo reconozco, se lo agradezco... y su ausencia me pesa, porque no sé por cuántos lo habrá hecho... lo hizo por mí.
La otra es mi tía Celeste, mamá de una y tía de una tribu completa, de los Gómez de Gutiérrez Zamora y los Castillo de Orizaba... una temporada que pasé las vacaciones con ella, supe que no había cosa que mi tía no supiera hacer... desde decirle a mi tío Alfredo por donde iba la cosa, hasta sentarse una tarde y fabricar un vestido en punto smock para un bebé... siempre tuvo espacios generosos para sus sobrinos y sus sobrinos nietos - que fuimos muchos - y hoy que se ha marchado, también nos deja a todos un poco huérfanos... porque a fin de cuentas, era una mujer que actuaba en el presente mirando hacia el futuro... sé que para mi prima y sus tres hijas, a pesar de la distancia, su ausencia será difícil de afrontar... y sé también que lo que vivieron con ella será algo que llevarán puesto y compartirán en los tiempos por venir...
Hoy me siento un poco huérfana, porque tanto la señora Rosa María como mi tía Celeste, no se contentaron con ser madres de sus hijos... fueron generosas con otros... madres de tiempo completo, como la mía.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
Uno nunca sabe
El proyecto salió como salen los proyectos cuando uno tiene la inquietud de hacer algo, lo platica con alguien más y encuentra a otros dispuestos a poner manos a la obra.
No sé si sea cualidad o defecto, pero yo pienso en voz alta, se me ocurren ideas, pero difícilmente laa empujo por mi cuenta... pero en este caso, ahiva saliendo.
Si hay algo que me cuestiona y me indigna desde hace mucho es el abandono de los niños, nuestros niños, quienes por el hecho de ser la generación que sigue, deberían ser responsabilidad de todos. En este sentido, impulsar a que una persona se haga dueña de si es la misión de la educación, y esto se logra trabajando en aspectos concretos que otros adultos en el entorno no atienden... como el aprender a leer, encontrar el respeto a la vida en la convivencia con la naturaleza, jugar, imaginar, vivir como niños.
Así salió, al menos desde mi contribución, la idea de enfocar un proyecto en este semestre donde los alumnos de ética se hicieran cargo de reforzar en chicos que lo necesitan, la lectura... llevamos tres días de trabajo, iniciar es fácil, mantenerse... ya veremos... aunque espero que esta expedición de profesores y alumnos nos lleve a buen puerto, sanos y salvos.
Lo que me llama la atención es que en los detalles finos de este trabajo (libros, materiales, organización, etc.) esté fijandome en tanto detalle... pero eso ya es casi parte de mi naturaleza... años de dirigente scout, tres Microcamp y unas cuantas fiestas de cumpleaños han sido capacitación básica para hacerme cargo de algunos detalles... lo curioso es que hace algunos años no se me hubiera ocurrido que lo aprendido en una circunstancia me fuera a servir en otra, puedo afirmar que estos dos días de incremento exponencial en el trabajo me resultan satisfactorios.
No sé que tanto este esfuerzo contribuya a formar grandes lectores, lo que sé es que posiblemente contribuya a dejar salir rasgos de grandeza en quienes estamos metidos en esto.
No sé si sea cualidad o defecto, pero yo pienso en voz alta, se me ocurren ideas, pero difícilmente laa empujo por mi cuenta... pero en este caso, ahiva saliendo.
Si hay algo que me cuestiona y me indigna desde hace mucho es el abandono de los niños, nuestros niños, quienes por el hecho de ser la generación que sigue, deberían ser responsabilidad de todos. En este sentido, impulsar a que una persona se haga dueña de si es la misión de la educación, y esto se logra trabajando en aspectos concretos que otros adultos en el entorno no atienden... como el aprender a leer, encontrar el respeto a la vida en la convivencia con la naturaleza, jugar, imaginar, vivir como niños.
Así salió, al menos desde mi contribución, la idea de enfocar un proyecto en este semestre donde los alumnos de ética se hicieran cargo de reforzar en chicos que lo necesitan, la lectura... llevamos tres días de trabajo, iniciar es fácil, mantenerse... ya veremos... aunque espero que esta expedición de profesores y alumnos nos lleve a buen puerto, sanos y salvos.
Lo que me llama la atención es que en los detalles finos de este trabajo (libros, materiales, organización, etc.) esté fijandome en tanto detalle... pero eso ya es casi parte de mi naturaleza... años de dirigente scout, tres Microcamp y unas cuantas fiestas de cumpleaños han sido capacitación básica para hacerme cargo de algunos detalles... lo curioso es que hace algunos años no se me hubiera ocurrido que lo aprendido en una circunstancia me fuera a servir en otra, puedo afirmar que estos dos días de incremento exponencial en el trabajo me resultan satisfactorios.
No sé que tanto este esfuerzo contribuya a formar grandes lectores, lo que sé es que posiblemente contribuya a dejar salir rasgos de grandeza en quienes estamos metidos en esto.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Cuestión de percepciones
Mes y medio - o más - sin entrar en este espacio...
Entre otras cosas, porque después de una larga temporada de vivir conectada a deshoras, principalmente por motivos de trabajo, las circunstancias cambian y como ahora trabajo tiempo completo evito conectarme a la red en casa... es curioso, pensé que esta pseudo adicción de estar consultando constantemente el correo o entrar a perderme en el internet era irremediable, sin embargo no es tan difícil de erradicar, si uno encuentra cosas que hacer fuera de la red.
Por otro lado, en mes y medio he pasado de idea en idea para escribir y no he concretado mucho. Leí dos novelas que me encantaron: "La edad de la punzada" de Xavier Velasco y "Teoría de las catástrofes", de Trino Maldonado.
"Encantaron" es una palabra ambigua, porque el contenido más que encantarme me cuestionó. "La edad de la punzada" es una novela autobiográfica, de un Xavier Velasco que saca a flote su piel adolescente y cuenta su vida entre la secundaria y la prepa; secundarias y prepas que no me son ajenas porque el tiempo y el espacio es compartido con el escenario que narra el autor... sin embargo, más que la nostalgia por la adolescencia, la exposición del autor me lleva a la conclusión que los adolescentes - jóvenes adultos de hoy (acusados por mi generación y las de más arriba de vivir un periodo de adolescencia que se extiende casi hasta los 30 años) buscan lo mismo que buscábamos nosotros a los 15 o 16... y entre el desmadre y el riesgo de probar, también existe la preocupación, el dolor y el cuestionamiento... a pesar del internet y las redes sociales, la realidad no nos es ajena y extraña, cuestionante, pese a todo lo que le hemos añadido para evadirnos en el espacio virtual.
"Teoría de las catástrofes" es un libro que puede leerse hoy, en que el escenario chilango se ve invadido por la CNTE. Oaxaca en el 2006 se extiende hasta la Ciudad de México en el 2013; el conflicto no está tan lejos como se veía en el 2006, porque no se ha terminado; y aquéllo que se supone parte del pasado ("Guerra sucia") no lo es... no lo ha sido durante mucho tiempo. Vivimos en una sociedad que nos abarca, pero al mismo tiempo excluye. Lo peor, es que sé lo que siente vivir en medio del caos, y con la inminencia de la catástrofe, que es la única posibilidad para iniciar la reconstrucción... porque finalmente es eso... la vida la vamos reconstruyendo.
¿Por qué se titula esta reflexión cuestión de percepciones? Porque después de un mes y medio de especular que escribir me encuentro con esa fria afirmación de Guillermo Arreola en la página de sinembargo.com: "La disciplina, infierno imprescindible para la creación", hacer algo siempre requiere de cierta autocontención... y para algunos dispersos como quien escribe, la autocontención es algo muy parecido al infierno, y al mismo tiempo, absolutamente necesario.
Como escribir una novela, Tryno Maldonado
Entre otras cosas, porque después de una larga temporada de vivir conectada a deshoras, principalmente por motivos de trabajo, las circunstancias cambian y como ahora trabajo tiempo completo evito conectarme a la red en casa... es curioso, pensé que esta pseudo adicción de estar consultando constantemente el correo o entrar a perderme en el internet era irremediable, sin embargo no es tan difícil de erradicar, si uno encuentra cosas que hacer fuera de la red.
Por otro lado, en mes y medio he pasado de idea en idea para escribir y no he concretado mucho. Leí dos novelas que me encantaron: "La edad de la punzada" de Xavier Velasco y "Teoría de las catástrofes", de Trino Maldonado.
"Encantaron" es una palabra ambigua, porque el contenido más que encantarme me cuestionó. "La edad de la punzada" es una novela autobiográfica, de un Xavier Velasco que saca a flote su piel adolescente y cuenta su vida entre la secundaria y la prepa; secundarias y prepas que no me son ajenas porque el tiempo y el espacio es compartido con el escenario que narra el autor... sin embargo, más que la nostalgia por la adolescencia, la exposición del autor me lleva a la conclusión que los adolescentes - jóvenes adultos de hoy (acusados por mi generación y las de más arriba de vivir un periodo de adolescencia que se extiende casi hasta los 30 años) buscan lo mismo que buscábamos nosotros a los 15 o 16... y entre el desmadre y el riesgo de probar, también existe la preocupación, el dolor y el cuestionamiento... a pesar del internet y las redes sociales, la realidad no nos es ajena y extraña, cuestionante, pese a todo lo que le hemos añadido para evadirnos en el espacio virtual.
"Teoría de las catástrofes" es un libro que puede leerse hoy, en que el escenario chilango se ve invadido por la CNTE. Oaxaca en el 2006 se extiende hasta la Ciudad de México en el 2013; el conflicto no está tan lejos como se veía en el 2006, porque no se ha terminado; y aquéllo que se supone parte del pasado ("Guerra sucia") no lo es... no lo ha sido durante mucho tiempo. Vivimos en una sociedad que nos abarca, pero al mismo tiempo excluye. Lo peor, es que sé lo que siente vivir en medio del caos, y con la inminencia de la catástrofe, que es la única posibilidad para iniciar la reconstrucción... porque finalmente es eso... la vida la vamos reconstruyendo.
¿Por qué se titula esta reflexión cuestión de percepciones? Porque después de un mes y medio de especular que escribir me encuentro con esa fria afirmación de Guillermo Arreola en la página de sinembargo.com: "La disciplina, infierno imprescindible para la creación", hacer algo siempre requiere de cierta autocontención... y para algunos dispersos como quien escribe, la autocontención es algo muy parecido al infierno, y al mismo tiempo, absolutamente necesario.
Como escribir una novela, Tryno Maldonado
lunes, 22 de julio de 2013
"Vacaciones"
Hasta hace unos 21 años mi idea de "vacaciones" incorporaba dos tipos de plan:
Plan A: bueno, estas se me terminaron hasta que me casé, y consistían en llegar a algún punto, sin reservaciones y con dinero, para quedarme sola en algún lugar que me interesara conocer. De hecho, el "Plan A" tuve pocas ocasiones de ejercerlo; es más, lo que ahora son estancias por motivos de trabajo en algún punto fuera de mi casa, se han constituído una especie de sustituto del plan A.
Plan B: Viajar a algún lado, y llegar a un punto en donde pudiera hacer tres cosas... ponerme un bikini, tirarme al lado de una alberca o una playa, y leer novelas o crónicas. Esta versión de las vacaciones funcionó por algún tiempo, hasta que llegaron los hijos.
Desde entonces, la versión de las vacaciones ha sido estar en la alberca o en el mar, de cualquier forma menos sentada, asoléandome y leyendo.
Asoléandome, pues ya no... pasé del bronceador con FPS 16 al bloqueador FPS 50... ¿leyendo? primero los hijos los convertí en criaturas acuáticas... pero en lo que se hacían hábiles había que entrar con ellos a la alberca y estar allí en plan de salvavidas... no se puede leer, con trabajos se puede platicar.
Uno espera que con el tiempo, los hijos "agarren juicio" (así se dice en Tuxtla)... y que también agarren camino para despejarle a uno un poco las vacaciones y dejarla hacer lo que quiera (tirarme en un camastro y leer, por ejemplo), sin embargo, con mi hija esto no ha sido posible... hay dar maromas en el agua, entrar al mar, tirarse clavados (lo hacía desde un trampolín cuando tenía 4 años, no sabía ni nadar... y la alberca tendría 2 m. de profunidad... su mamá tenía que estar allí para cualquier eventualidad)... para mi hija, además, es requisito imprescindible para las vacaciones el mar o la alberca (no importa la temperatura) y tener un acompañante del que pueda abusar a su gusto.
Así que si bien se ha ido domesticando en estos años... las vacaciones en plan B se han vuelto remotas... el regreso de vacaciones incluye - en esta ocasión - un chipote en la cabeza que me hice por estar jugando a dar de vueltas en la alberca... cosas de la vida.
Y todavía no se terminan...
Plan A: bueno, estas se me terminaron hasta que me casé, y consistían en llegar a algún punto, sin reservaciones y con dinero, para quedarme sola en algún lugar que me interesara conocer. De hecho, el "Plan A" tuve pocas ocasiones de ejercerlo; es más, lo que ahora son estancias por motivos de trabajo en algún punto fuera de mi casa, se han constituído una especie de sustituto del plan A.
Plan B: Viajar a algún lado, y llegar a un punto en donde pudiera hacer tres cosas... ponerme un bikini, tirarme al lado de una alberca o una playa, y leer novelas o crónicas. Esta versión de las vacaciones funcionó por algún tiempo, hasta que llegaron los hijos.
Desde entonces, la versión de las vacaciones ha sido estar en la alberca o en el mar, de cualquier forma menos sentada, asoléandome y leyendo.
Asoléandome, pues ya no... pasé del bronceador con FPS 16 al bloqueador FPS 50... ¿leyendo? primero los hijos los convertí en criaturas acuáticas... pero en lo que se hacían hábiles había que entrar con ellos a la alberca y estar allí en plan de salvavidas... no se puede leer, con trabajos se puede platicar.
Uno espera que con el tiempo, los hijos "agarren juicio" (así se dice en Tuxtla)... y que también agarren camino para despejarle a uno un poco las vacaciones y dejarla hacer lo que quiera (tirarme en un camastro y leer, por ejemplo), sin embargo, con mi hija esto no ha sido posible... hay dar maromas en el agua, entrar al mar, tirarse clavados (lo hacía desde un trampolín cuando tenía 4 años, no sabía ni nadar... y la alberca tendría 2 m. de profunidad... su mamá tenía que estar allí para cualquier eventualidad)... para mi hija, además, es requisito imprescindible para las vacaciones el mar o la alberca (no importa la temperatura) y tener un acompañante del que pueda abusar a su gusto.
Así que si bien se ha ido domesticando en estos años... las vacaciones en plan B se han vuelto remotas... el regreso de vacaciones incluye - en esta ocasión - un chipote en la cabeza que me hice por estar jugando a dar de vueltas en la alberca... cosas de la vida.
Y todavía no se terminan...
Y esta es la idea de mi hija sobre un "autorretrato" familar.
lunes, 15 de julio de 2013
Perderse para encontrarse
"De pronto, se encontró perdido en medio de la nada"... doble oximoron, es decir, ¿Es posible encontrarse perdido? ¿es posible estar "enmedio de la nada"?
Sin embargo utilizamos esta expresión cuando en realidad queremos compartir la idea que cobramos conciencia de que llegamos a un punto donde no reconocemos elementos que nos permitan identificar el lugar en el que estamos; por este motivo, tampoco contamos con información que nos permita emprender el camino hacia un punto seguro.
Perderse es parte de la experiencia de vida; de lo contrario, ¿cómo se puede identificar el encuentro?
Pienso en todo esto mientras vamos de viaje. Para mí, la mejor manera de conocer una región es trasladándose a través del territorio. En lo personal, me encanta viajar por
carretera, es una forma de constatar cómo funcionan las cosas, fuera de las
declaraciones y los decretos, y de darme cuenta que en pleno siglo XXI, efectivamente, hay regiones del país que funcionan com en el siglo XVI.
Emprendimos la marcha en familia por un camino que poco
hemos transitado… rumbo a Oaxaca. Una
ciudad a la que llegamos después de elecciones, sin encontrar mucho de lo que
uno – escuchando noticias – imagina que va encontrar: maestros en paro,
miembros de la APPO, calles cerradas, etc.
Nada de esto, lo que encontramos es una ciudad que está
señalizada de manera muy extraña, que de pronto tiene cruces para
automovilistas que no conozco en ninguna otra parte, y que como muchas ciudades
en México, permite que los cerros se vayan “democratizando”, es decir, poblando
de viviendas para pudientes y no pudientes, mientras convierte el tránsito en
laberinto.
Nos perdimos dos veces intentando llegar a Monte Albán, porque
por todos lados aparecen letreros y señales, menos por donde uno realmente
puede acudir… e igual nos perdimos de regreso, porque – además – de pronto
cierran la calle que va para el centro, y hay que utilizar algún sentido de
orientación para llegar a alguna parte.
En lo personal, no me molesta perderme – con luz de día y
calles que entroncan con otras – es de familia; tomar rutas que uno no debe, o
no piensa… tener que regresar, dar tres vueltas a la misma manzana… en realidad
no es relevante; finalmente uno puede preguntar ¿no?
Hay momentos en que pienso que uno no puede encontrar
realmente lo que está buscando, sin un cierto sentido de pérdida… y un gozo de
descubrimiento.
La ciudad de Oaxaca, desde Monte Albán, con la vista al auditorio de la Guelaguetza, toda una historia familiar involucrada en la dichosa construcción.
sábado, 6 de julio de 2013
Limpieza
En días recientes en el trabajo iniciamos un proyecto colectivo... vamos a ordenar los espacios de trabajo.
Las instrucciones fueron: "hay que sacar todo lo que no se use" y clasificarlo en "sirve" y "no sirve", y bueno... si algo nos distingue en mi espacio de trabajo es lo literal que nos tomamos algunas cosas, para el viernes en la mañana ya teníamos una buena cantidad de objetos en el espacio asignado para lo que "no se usa":
Los seres humanos nos distinguimos por nuestra relación con los objetos y como hacemos que vayan formando parte del hábitat (no por nada fuimos homo faber), además del uso que le damos a las cosas y como las interpretamos. Lo que para unos es objeto de uso, para otros es basura; lo que para unos sirve, para otros no; por ejemplo, las cajas que aparecen en las fotos, una está del lado se "no sirve" y la otra "sirve":

Esta "no sirve" esta "sirve"
En mi caso he estado a punto de llevarme del respectivo espacio alguna cosa que alguno de mis colegas ha desechado, porque considero que "sirve"... o - peor aún y que retrata mi espíritu acumulador - se me ocurre que "podría servir para algo", idea que es el pretexto que utilizamos para expresar nuestros apegos por las cosas:"esto podría utilizarlo en un momento dado" (yo he tenido que aprender a deshacerme de este pensamiento, porque en otras ocasiones que se me ha ocurrido guardar algo que "podría servir" en realidad he terminado comprando cosas que ya tenía almacenadas argumentando lo mismo).
Por si fuera poco, cuando una es algo obsesiva (¿algo?), fanática de la separación de basura para apoyar el reciclaje, el proceso de deshacerse de las cosas, tiene que pasar por una clasificación, ¿cómo voy a entregar un montón de papel si están engrapados o sujetos a fólders con "broches BACO"? (estoy hablando de aproximadamente 100 trabajos finales). Si llevaban acumulando polvo en mi cubículo es precisamente porque no me había dado a la tarea de separar, sin embargo, habemos algunos que no solo acumulamos para tirar, sino además tenemos que tirar en orden:
El ejercicio ha llevado a algunos resultados más allá de lo esperado: la inmovilidad de los objetos genera hábitats para otros seres vivos, con vida efímera; así que es factible que en el transcurso de la tarea se tope uno con algún cadáver. Yo me topé con estos dos inquilinos:

Las instrucciones fueron: "hay que sacar todo lo que no se use" y clasificarlo en "sirve" y "no sirve", y bueno... si algo nos distingue en mi espacio de trabajo es lo literal que nos tomamos algunas cosas, para el viernes en la mañana ya teníamos una buena cantidad de objetos en el espacio asignado para lo que "no se usa":
Los seres humanos nos distinguimos por nuestra relación con los objetos y como hacemos que vayan formando parte del hábitat (no por nada fuimos homo faber), además del uso que le damos a las cosas y como las interpretamos. Lo que para unos es objeto de uso, para otros es basura; lo que para unos sirve, para otros no; por ejemplo, las cajas que aparecen en las fotos, una está del lado se "no sirve" y la otra "sirve":

En mi caso he estado a punto de llevarme del respectivo espacio alguna cosa que alguno de mis colegas ha desechado, porque considero que "sirve"... o - peor aún y que retrata mi espíritu acumulador - se me ocurre que "podría servir para algo", idea que es el pretexto que utilizamos para expresar nuestros apegos por las cosas:"esto podría utilizarlo en un momento dado" (yo he tenido que aprender a deshacerme de este pensamiento, porque en otras ocasiones que se me ha ocurrido guardar algo que "podría servir" en realidad he terminado comprando cosas que ya tenía almacenadas argumentando lo mismo).
Por si fuera poco, cuando una es algo obsesiva (¿algo?), fanática de la separación de basura para apoyar el reciclaje, el proceso de deshacerse de las cosas, tiene que pasar por una clasificación, ¿cómo voy a entregar un montón de papel si están engrapados o sujetos a fólders con "broches BACO"? (estoy hablando de aproximadamente 100 trabajos finales). Si llevaban acumulando polvo en mi cubículo es precisamente porque no me había dado a la tarea de separar, sin embargo, habemos algunos que no solo acumulamos para tirar, sino además tenemos que tirar en orden:
Aunque parezca que las hojas sirven, no , así dejé hojas, fólders y los broches quedaron en una bolista... je.
El ejercicio ha llevado a algunos resultados más allá de lo esperado: la inmovilidad de los objetos genera hábitats para otros seres vivos, con vida efímera; así que es factible que en el transcurso de la tarea se tope uno con algún cadáver. Yo me topé con estos dos inquilinos:

Deshacerse de las cosas no solo es una cuestión de limpieza física, es también un ejercicio de desapego, una reflexión entre el pasado y el futuro; pensar en nuestra capacidad para construir y re-construir una narrativa... y a veces hasta darse cuenta de cuanto generamos que pensamos que un día serviría y a la vuelta de los tiempos termina en la basura.
viernes, 5 de julio de 2013
Héroes
Esto de no escribir con frecuencia te lleva a acumular ideas por compartir; así que - sin más, van algunas que se han estado gestando desde la semana pasada.
¿Quién es el héroe?
Jorge Font es un ya no tan joven esquiador que a los 18 años quedó cuadrapléjico - como él mismo dice - haciendo lo que más le gustaba hacer. Escuchando su historia y la importancia que tiene tu red de familia y amigos para sacarte adelante, él señala algo muy importante: los hérores son personas comunes que en un momento dado hacen cosas extraordinarias.
Lo extra-ordinario surge de situaciones que nos sacan del fluir de lo cotidiano: la enfermedad, los accidentes, las pérdidas, por ejemplo. Todo esto nos sucede al simple mortal que somos, ¿en dónde está lo extraordinario? en adaptarse, fijarse una meta y trabajar para conseguirla.
A veces pensar la forma en que superaremos un problema es incierto, porque la realidad nos impone limitaciones y lo que hacemos ante las circunstancias nos transforma... no se puede regresar al punto de partida en las mismas condiciones, algo se transformo: experiencia, capacidades, visión de la realidad, crecimiento.
Lo heroico es sumarse a esta oportunidad de crecimiento y pasar de la perspectiva individual a la comunitaria... la forma en que asumes las circunstancias te transforma, y toca la vida de los otros, transformándolas.
¿Qué se necesita para convertirse en un héroe? ni siquiera pensar en ello, responder a la circunstancia rebasando la negativa, el duelo... y hacer algo... estar allí, acompañar, donar sangre, participar... algo, que construya.
Y así, conozco una familia que en estas fechas se ha enfrentado a dos dolorosas circunstancias, y lo que han hecho en conjunto es actuar, sumarse... alrededor de una joven madre que con todo y un diagnóstico de cáncer elige tener a su hija y se pone a trabajar para buscar aliviar algo más que su circunstancia personal, o alrededor de un joven que no merece ser víctima y que sin embargo ha contado con una red de soporte que está permitiendo lograr algo que parece imposible - pero que desde lo humano solo puede explicarse gracias al misterio de la Vida y al esfuerzo que mantiene la esperanza... un milagro.
Un milagro que atribuyo a la suma de voluntades de personas comunes que demuestran que son capaces de lo extraordinario.
¿Quién es el héroe?
Jorge Font es un ya no tan joven esquiador que a los 18 años quedó cuadrapléjico - como él mismo dice - haciendo lo que más le gustaba hacer. Escuchando su historia y la importancia que tiene tu red de familia y amigos para sacarte adelante, él señala algo muy importante: los hérores son personas comunes que en un momento dado hacen cosas extraordinarias.
Lo extra-ordinario surge de situaciones que nos sacan del fluir de lo cotidiano: la enfermedad, los accidentes, las pérdidas, por ejemplo. Todo esto nos sucede al simple mortal que somos, ¿en dónde está lo extraordinario? en adaptarse, fijarse una meta y trabajar para conseguirla.
A veces pensar la forma en que superaremos un problema es incierto, porque la realidad nos impone limitaciones y lo que hacemos ante las circunstancias nos transforma... no se puede regresar al punto de partida en las mismas condiciones, algo se transformo: experiencia, capacidades, visión de la realidad, crecimiento.
Lo heroico es sumarse a esta oportunidad de crecimiento y pasar de la perspectiva individual a la comunitaria... la forma en que asumes las circunstancias te transforma, y toca la vida de los otros, transformándolas.
¿Qué se necesita para convertirse en un héroe? ni siquiera pensar en ello, responder a la circunstancia rebasando la negativa, el duelo... y hacer algo... estar allí, acompañar, donar sangre, participar... algo, que construya.
Y así, conozco una familia que en estas fechas se ha enfrentado a dos dolorosas circunstancias, y lo que han hecho en conjunto es actuar, sumarse... alrededor de una joven madre que con todo y un diagnóstico de cáncer elige tener a su hija y se pone a trabajar para buscar aliviar algo más que su circunstancia personal, o alrededor de un joven que no merece ser víctima y que sin embargo ha contado con una red de soporte que está permitiendo lograr algo que parece imposible - pero que desde lo humano solo puede explicarse gracias al misterio de la Vida y al esfuerzo que mantiene la esperanza... un milagro.
Un milagro que atribuyo a la suma de voluntades de personas comunes que demuestran que son capaces de lo extraordinario.
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