Un par de acontecimientos me han hecho evidente que una de las cosas que difícilmente acepto en mi vida es sentirme impotente... Ante los hechos que no se pueden resolver me pierdo... por momentos, pero me pierdo.
Lo peor, para algunos encuentro soluciones, para otros... todavía son un misterio... no encuentro la forma de abordarlos cuando vuelven... como los lunes y la negativa recurrente de mi hija para ir a la escuela..
Hay otras ocasiones en donde uno, finalmente, resuelve las cosas cuando encuentra las causas, y está en sus manos... pero cuando no está en tus manos, cuando la forma de pensar del otro es un misterio que no consigues descifrar, cuando tienes que ser flexible, adaptarte y no encuentras respuesta, la realidad es que la impotencia se convierte en una carga, no en un reto.
¿Qué será lo mejor?
¿Aceptas simplemente la situación y la dejas pasar?
¿Reconoces las emociones que te genera, las aceptas, y dejas que se disipe, como las nubes?
La impotencia, mi impotencia, está tan asociada a mis emociones que se convierte en una telaraña de la que no me es sencillo escapar... todavía.
miércoles, 3 de octubre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
El Iphone y los rituales
Dice Neil Postman, que cuando una nueva tecnología toma un lugar en nuestas vidas, algo se gana, pero algo se pierde.
No todo en lo virtual o en la vida on-line es ganancia; la inmediatez convive con la asincronía, la comunidad con el individualismo... y la vida "aquí y ahora" se convierte en un imaginario, donde resulta más sencillo contemplar la vida a través de la pantalla, que guardar el aparatito electrónico y darse el lujo de sentir lo que sucede, para después ponerlo en palabras.
Observaba a la escolta encargada de llevar la bandera para entregarla al presidente en la última ceremonia del grito... la escolta marchaba entre los salones de Palacio Nacional mientras se escuchaba el Himno. El ritual - si es que vale para algo - señala que uno debe saludar a la bandera y escuchar respetuosamente el himno en posición de firmes... lo que observé fué una escolta pasando por pasillo iluminado por Iphones, Ipads, etc... porque la selecta concurrencia en lugar de ponerse fimes estaba grabando el suceso (y supongo que debe ser gente muuuuy bien la que asiste a esas pachangas... porque a muchos de mis compas - todos proles junto conmigo - jamás nos han convocado).
Esto no es privativo de la Ceremonia del Grito... pero sí me cuestionó... algo se gana - el registro visual en alta definición (chido)... algo se pierde, o mucho se pierde....
Por un lado, el ritual; "los ritos son necesarios" le dijo el zorro al Principito... "tenemos que quedar en una hora definida porque así, puedo emocionarme con la inminencia de tu llegada"... (bueno, dice "si vienes a las cuatro, desde las tres yo empezaré a ser dichoso, porque sé que vendrás a las cuatro... si no lo hacemos así, yo no sabría cuándo esperarte ni qué sentir").
Los rituales tienen un peso simbólico, tal vez por esto nos interesa documentarlos, pero el trabajo de hacerlo nos saca de la realidad, de estar allí, con la atención puesta en la experiencia.
Y esto nos lleva a otra situación - no sé si mejor o peor - desde mucho tiempo atrás... antes de la escritura, ya nos daba por registrar la experiencia y dejar huellas de la memoria, en los objetos, en las paredes de las cuevas, en los entierros... y la narrativa, la facultad que quizá nos convertió en lo que somos, era fundamental para crear y recrear la historia y la identidad... hoy por hoy, nuestro miedo al olvido está plasamado en el Iphone, el Ipad, YouTube... forma parte de una nube colectiva, que poco a poco se va conviertiendo en la dueña de nuestra memoria común.
¿Qué se pierde? ... si la riqueza del lenguaje permite que la comunicación dinamice la vida... la cortedad del mismo y el exclusivo uso de la memoria gráfica nos impacta como seres humanos ... se gana en precisión, se pierde en imaginación narrativa... y se atrofia la memoria... y así, tal vez nos llegue el día que el Iphone nos tenga que decir quiénes somos, porque ya no nos acordamos... nos muestre en la pantalla dónde están los otros, como si fueran los "dodos" disecados en los museos de Historia Natural de los países europeos en el siglo XIX... haga que las prótesis - que no sabíamos que necesitábamos - nos digan en función a lo que guardan, lo que ha sido una historia que solo podemos ver, pero ya no podemos contar...
y entonces ¿seremos el robot que carga nuestra memoria o el cuerpo que tiene la propia y sabe de otras experiencias?
Solo son preguntas, pero si estoy convencida... algo se gana, algo se pierde y no podemos darnos el lujo de desconocer ambas partes.
No todo en lo virtual o en la vida on-line es ganancia; la inmediatez convive con la asincronía, la comunidad con el individualismo... y la vida "aquí y ahora" se convierte en un imaginario, donde resulta más sencillo contemplar la vida a través de la pantalla, que guardar el aparatito electrónico y darse el lujo de sentir lo que sucede, para después ponerlo en palabras.
Observaba a la escolta encargada de llevar la bandera para entregarla al presidente en la última ceremonia del grito... la escolta marchaba entre los salones de Palacio Nacional mientras se escuchaba el Himno. El ritual - si es que vale para algo - señala que uno debe saludar a la bandera y escuchar respetuosamente el himno en posición de firmes... lo que observé fué una escolta pasando por pasillo iluminado por Iphones, Ipads, etc... porque la selecta concurrencia en lugar de ponerse fimes estaba grabando el suceso (y supongo que debe ser gente muuuuy bien la que asiste a esas pachangas... porque a muchos de mis compas - todos proles junto conmigo - jamás nos han convocado).
Esto no es privativo de la Ceremonia del Grito... pero sí me cuestionó... algo se gana - el registro visual en alta definición (chido)... algo se pierde, o mucho se pierde....
Por un lado, el ritual; "los ritos son necesarios" le dijo el zorro al Principito... "tenemos que quedar en una hora definida porque así, puedo emocionarme con la inminencia de tu llegada"... (bueno, dice "si vienes a las cuatro, desde las tres yo empezaré a ser dichoso, porque sé que vendrás a las cuatro... si no lo hacemos así, yo no sabría cuándo esperarte ni qué sentir").
Los rituales tienen un peso simbólico, tal vez por esto nos interesa documentarlos, pero el trabajo de hacerlo nos saca de la realidad, de estar allí, con la atención puesta en la experiencia.
Y esto nos lleva a otra situación - no sé si mejor o peor - desde mucho tiempo atrás... antes de la escritura, ya nos daba por registrar la experiencia y dejar huellas de la memoria, en los objetos, en las paredes de las cuevas, en los entierros... y la narrativa, la facultad que quizá nos convertió en lo que somos, era fundamental para crear y recrear la historia y la identidad... hoy por hoy, nuestro miedo al olvido está plasamado en el Iphone, el Ipad, YouTube... forma parte de una nube colectiva, que poco a poco se va conviertiendo en la dueña de nuestra memoria común.
¿Qué se pierde? ... si la riqueza del lenguaje permite que la comunicación dinamice la vida... la cortedad del mismo y el exclusivo uso de la memoria gráfica nos impacta como seres humanos ... se gana en precisión, se pierde en imaginación narrativa... y se atrofia la memoria... y así, tal vez nos llegue el día que el Iphone nos tenga que decir quiénes somos, porque ya no nos acordamos... nos muestre en la pantalla dónde están los otros, como si fueran los "dodos" disecados en los museos de Historia Natural de los países europeos en el siglo XIX... haga que las prótesis - que no sabíamos que necesitábamos - nos digan en función a lo que guardan, lo que ha sido una historia que solo podemos ver, pero ya no podemos contar...
y entonces ¿seremos el robot que carga nuestra memoria o el cuerpo que tiene la propia y sabe de otras experiencias?
Solo son preguntas, pero si estoy convencida... algo se gana, algo se pierde y no podemos darnos el lujo de desconocer ambas partes.
sábado, 1 de septiembre de 2012
Expectativas vs. esperanza
Pasé toda la semana suponiendo que el viernes finalmente tendría un respiro... en la dinámica de la institución para la que trabajo personas en mi status laboral entran a trabajar la segunda semana de agosto y cobran hasta el 31, después de tres meses de no trabajar.
Al menos eso era lo previsto hasta este semestre, en el que me ofrecieron un contrato por tiempo indefinido, a partir del 1 de septiembre.
Así que el mes de agosto lo trabajé con un contrato, acepté una liquidación y firmar un contrato por tiempo indefinido... hasta allí, la buena noticia.
Sin embargo, no todo en esta vida es gratis, yo esperaba que el 31 algo de lo trabajado en agosto se reflejara en mi cuenta de banco... tres meses casi sin ingreso son aterradores, y lo fueron entre otras cosas porque decidí pasar el verano dedicándome a resolver pendientes... que sí resolví.
El hecho es que ¡sorpresa! en mi cuenta no hay cambios, siguen los mismos $98.00 que ha tenido desde más o menos el 10 de agosto, cuando los documentos que firmé el jueves prometían un depósito muy diferente.
Es una sensación de impotencia absoluta, sumada a la decepción de expectativas que se derrumban y realidades que dicen que solo en Arabia Saudita puede uno esperar que se lleven a cabo transacciones bancarias el fin de semana (porque ellos tienen otros días laborales en la semana).
Hay que sumar, además, que por ser fin de semana ni siquiera hay con quien reflejar la frustración... ¿serviría de algo mentarle la madre a alguien que no puede hacer algo hasta el lunes?
Entonces mi cabeza - la parte razonable - me dice que se trata de aplicar una dosis de lo que me paso tratando de enseñar desde hace unos cuantos años... responder ¿qué debo hacer? pensar ¿qué es lo prudente?
No queda otra, esperar... ver que sucede el lunes... hablar con la gente como gente (y mentarle mentalmente la madre a quienes consideran que los procesos están por encima de las necesidades de las personas)... sin embargo, de lo que no me puedo desprender es de los sentimientos... me siento impotente y descorazonada, no hay con quien resolver esta situación y no queda otra que hacer tripas corazón... y mirar al cielo pidiendo que por lo menos de algún lado te llegue algún gesto que te comparta una chispa de esperanza...
Al menos eso era lo previsto hasta este semestre, en el que me ofrecieron un contrato por tiempo indefinido, a partir del 1 de septiembre.
Así que el mes de agosto lo trabajé con un contrato, acepté una liquidación y firmar un contrato por tiempo indefinido... hasta allí, la buena noticia.
Sin embargo, no todo en esta vida es gratis, yo esperaba que el 31 algo de lo trabajado en agosto se reflejara en mi cuenta de banco... tres meses casi sin ingreso son aterradores, y lo fueron entre otras cosas porque decidí pasar el verano dedicándome a resolver pendientes... que sí resolví.
El hecho es que ¡sorpresa! en mi cuenta no hay cambios, siguen los mismos $98.00 que ha tenido desde más o menos el 10 de agosto, cuando los documentos que firmé el jueves prometían un depósito muy diferente.
Es una sensación de impotencia absoluta, sumada a la decepción de expectativas que se derrumban y realidades que dicen que solo en Arabia Saudita puede uno esperar que se lleven a cabo transacciones bancarias el fin de semana (porque ellos tienen otros días laborales en la semana).
Hay que sumar, además, que por ser fin de semana ni siquiera hay con quien reflejar la frustración... ¿serviría de algo mentarle la madre a alguien que no puede hacer algo hasta el lunes?
Entonces mi cabeza - la parte razonable - me dice que se trata de aplicar una dosis de lo que me paso tratando de enseñar desde hace unos cuantos años... responder ¿qué debo hacer? pensar ¿qué es lo prudente?
No queda otra, esperar... ver que sucede el lunes... hablar con la gente como gente (y mentarle mentalmente la madre a quienes consideran que los procesos están por encima de las necesidades de las personas)... sin embargo, de lo que no me puedo desprender es de los sentimientos... me siento impotente y descorazonada, no hay con quien resolver esta situación y no queda otra que hacer tripas corazón... y mirar al cielo pidiendo que por lo menos de algún lado te llegue algún gesto que te comparta una chispa de esperanza...
sábado, 18 de agosto de 2012
LA ZONA
Así, con mayúsculas. No, no es la dieta, ni la película... Es la zona de confort, esa en donde por motivo de la "ley del menor esfuerzo" nos gusta quedarnos por laaaaaaargooooooo tieeeeeeeempooooo, pensando que al menos tenemos la certeza de que estamos y seguimos jodidos... Pero al menos estamos.
Sorpresa, la vida en "la zona" no es gratis. Tarde o temprano te llegará el recibo de la renta, y después la notificación de embargo y expulsión... No mandan ni notarios, y ya para cuando te diste cuenta, estás en la calle y todos los pendientes son urgencias.
Pinche "zona".... Uno vive allí tan jodidamente a gusto.... Finca su identidad en la vida y se hace güey con las boletas de renta hasta que literalmente, las condiciones que genera la negligencia terminan por provocar una violenta expulsión hacia la realidad, la de a "deveras", y en tales condiciones ni tiempo hay para sentarse a llorar en la banqueta.
En ese momento, con cobradores, actuarios y en pleno embargo descubres algo para documentar el optimismo:Que puedes resolver las cosas, que los pretextos que esgrimías para justificar tu vida adentro solo te han hecho aumentar de peso (literal) y que los recursos que tendrás que emplear para reparaciones exceden significativamente a aquéllos que pudiste invertir actuando en el momento en que se requería. Reparar siempre sale más costoso que prever.
¿Cómo mantenerse fuera de la tentación del confort? Con conciencia... Y voluntad.... Creo que ambas consiguen que uno se mantenga en forma.
Ya lo dijo Sócrates... "solo una vida examinada (auto-examinada) merece ser considerada como tal"
Sorpresa, la vida en "la zona" no es gratis. Tarde o temprano te llegará el recibo de la renta, y después la notificación de embargo y expulsión... No mandan ni notarios, y ya para cuando te diste cuenta, estás en la calle y todos los pendientes son urgencias.
Pinche "zona".... Uno vive allí tan jodidamente a gusto.... Finca su identidad en la vida y se hace güey con las boletas de renta hasta que literalmente, las condiciones que genera la negligencia terminan por provocar una violenta expulsión hacia la realidad, la de a "deveras", y en tales condiciones ni tiempo hay para sentarse a llorar en la banqueta.
En ese momento, con cobradores, actuarios y en pleno embargo descubres algo para documentar el optimismo:Que puedes resolver las cosas, que los pretextos que esgrimías para justificar tu vida adentro solo te han hecho aumentar de peso (literal) y que los recursos que tendrás que emplear para reparaciones exceden significativamente a aquéllos que pudiste invertir actuando en el momento en que se requería. Reparar siempre sale más costoso que prever.
¿Cómo mantenerse fuera de la tentación del confort? Con conciencia... Y voluntad.... Creo que ambas consiguen que uno se mantenga en forma.
Ya lo dijo Sócrates... "solo una vida examinada (auto-examinada) merece ser considerada como tal"
viernes, 17 de agosto de 2012
El túnel del tiempo
Mi vida está llena de túneles o cápsulas del tiempo. Todos esos papeles que se van acumulando, que se revisan de vez en vez, y que irremediablemente te regresan al pasado... Mis cajas de papeles... Arranques de desesperación, dibujos de aburrimiento, poemas de... Poemas y ya...
Hasta cuentos. Tiempos en los que no tenía otra forma de salir de mi misma, simplemente escribiendo.
Ayer mi madre me obligó a meterme en mis "cajas", estaba buscando algo que no estaba allí y por fortuna no se tomó la molestia de descifrar todo aquello que he guardado por años... Mi propia historia, que irremediablemente es mia, de la que voy dejando constancia y a la que de vez en cuando regreso para darme cuenta que la vida sigue, y no es la misma... Todo cambia.
Hasta cuentos. Tiempos en los que no tenía otra forma de salir de mi misma, simplemente escribiendo.
Ayer mi madre me obligó a meterme en mis "cajas", estaba buscando algo que no estaba allí y por fortuna no se tomó la molestia de descifrar todo aquello que he guardado por años... Mi propia historia, que irremediablemente es mia, de la que voy dejando constancia y a la que de vez en cuando regreso para darme cuenta que la vida sigue, y no es la misma... Todo cambia.
miércoles, 15 de agosto de 2012
La montaña rusa
Hay periodos en la vida que se parecen a la montaña rusa... sube, baja, gritas, ni cuenta te das, y ya se terminó el recorrido.
En realidad, nunca me he subido a una montaña rusa, lo más extremo que he llegado fué el "ratón loco" de la feria de Chapultepec, versión hace muchísimo tiempo... el pavor que le tengo a la sensación de vértigo y mi terror a los espacios vacíos son motivos suficentes para mí.
Sin embargo, hay temporadas en que la vida es muy parecida a la montaña rusa... ni sabes cómo le hiciste para llegar a un determinado punto, pero llegaste.
Me doy cuenta que no he escrito desde hace rato... pero es que en realidad no me he dado la oportunidad, tengo que concentrarme en lo que me pide el presente para responder, responder, responder... uf, y solitas van llegando noticias y oportunidades... pero me llegan tan metida en otros asuntos que me da poco tiempo para festejarlas, a pesar de que representan algo que estuve buscando mucho tiempo... un trabajo estable.
Sin embargo, creo que todavía tengo algunos hilos que amarrar en esta estabilidad... los mismos hilos que he estado amarrando desde antes de que este periodo de vacaciones (de mi hija) comenzara.
Esto quiere decir que tal vez no termina el recorrido de la montaña rusa... siempre - que recuerde - hay un momento de calma, antes del último jalón...
En realidad, nunca me he subido a una montaña rusa, lo más extremo que he llegado fué el "ratón loco" de la feria de Chapultepec, versión hace muchísimo tiempo... el pavor que le tengo a la sensación de vértigo y mi terror a los espacios vacíos son motivos suficentes para mí.
Sin embargo, hay temporadas en que la vida es muy parecida a la montaña rusa... ni sabes cómo le hiciste para llegar a un determinado punto, pero llegaste.
Me doy cuenta que no he escrito desde hace rato... pero es que en realidad no me he dado la oportunidad, tengo que concentrarme en lo que me pide el presente para responder, responder, responder... uf, y solitas van llegando noticias y oportunidades... pero me llegan tan metida en otros asuntos que me da poco tiempo para festejarlas, a pesar de que representan algo que estuve buscando mucho tiempo... un trabajo estable.
Sin embargo, creo que todavía tengo algunos hilos que amarrar en esta estabilidad... los mismos hilos que he estado amarrando desde antes de que este periodo de vacaciones (de mi hija) comenzara.
Esto quiere decir que tal vez no termina el recorrido de la montaña rusa... siempre - que recuerde - hay un momento de calma, antes del último jalón...
jueves, 2 de agosto de 2012
Cuando fui burócrata
No cabe duda, la vida se toma sus revanchas... y te pone frente a situaciones que retan tus defectos, o redimen tus pecados.
Me explico:
Mi primer trabajo lo desempeñé en una oficina de "Administración de la Información" que dependía de la dirección de Servicios Escolares, en una institución de educación superior. A mi, que tiendo al caos me correspondía desempeñar trabajo de rutina, organizarlo, estructurarlo, negociar,validar, pero fundamentalmente, me tocaba controlar.
Y esto me tenía en el centro de la burocracia institucional, porque uno de los trabajos de la burocracia es asegurar la uniformidad en los procesos... y a veces por asegurar la validez de lo que sucede fuera del papelito, uno inventa requisitos de información ad nauseam... lo admito, yo hacía eso, inventaba requisitos, diseñaba procesos y algunos de estos han trascendido (con 20 años de distancia), y curiosamente siguen generando los mismos niveles de estrés de aquéllos tiempos.
También debo señalar que el enfoque de- tan de innovación cuando estuve en la universidad - y el conductismo que profesaba uno de mis profesores en la universidad tuvieron mucho que ver en que yo me sumara a la tarea de intentar que todo lo que tuviera que ver con buscar comportamientos uniformes se desglosara a niveles de detalle a uno que no tiene alma de progamador de sistemas ni la precisión de un relojero, pueden fundirle las neuronas por mero estrés.
Esto sucede porque en el fondo de mi hay una persona que de haber podido sería hippie, quisiera invitar al caos a que formara parte de vida (y vivir muy contenta con esto), pero mi educación es muy fresa para optar por algo más relajado... y entre una parte que me jala al caos y otra que me requiere orden, donde casi siempre gana el súper yo; como a veces uno tiende a actuar de manera opuesta a lo que realmente aspira, supongo que tanto control tenía que ver con esta actitud de pedir tantos datos, y controlar tanto los procesos.
Todo esto surge porque el trabajo que debo entregar hoy, con el nivel de detalle que me piden rebasa todo lo que pudiera imaginar en mi momento más retorcido para controlar (perdón, supervisar) un trabajo en donde se debe asegurar un comportamiento uniforme... ¿Tiene algún propósito este nivel de detalle cuando me toca trabajar con conceptos como la libertad, el diálogo y llevar a los alumnos a reflexionar sobre lo útiles que resultan para tomar buenas decisiones en la vida y ser responsables?
Irónico... sin duda.
Solo para anotar, ya hasta en Hacienda se dieron cuenta que para que las personas paguen impuestos, tienen que hacerles más fácil el registro, y el pago... y parece que ahí la llevan (bueno, si de todas maneras vas a darle un trancazo al contribuyente, se agradece cierto nivel de decencia).
Pero como hay justicia en esta vida, supongo que hoy me tocó descubrir que pedir demasiado para asegurar que otro lleva a cabo un buen trabajo es rasgo que refleja el nivel de confianza entre unos y otros.
Me explico:
Mi primer trabajo lo desempeñé en una oficina de "Administración de la Información" que dependía de la dirección de Servicios Escolares, en una institución de educación superior. A mi, que tiendo al caos me correspondía desempeñar trabajo de rutina, organizarlo, estructurarlo, negociar,validar, pero fundamentalmente, me tocaba controlar.
Y esto me tenía en el centro de la burocracia institucional, porque uno de los trabajos de la burocracia es asegurar la uniformidad en los procesos... y a veces por asegurar la validez de lo que sucede fuera del papelito, uno inventa requisitos de información ad nauseam... lo admito, yo hacía eso, inventaba requisitos, diseñaba procesos y algunos de estos han trascendido (con 20 años de distancia), y curiosamente siguen generando los mismos niveles de estrés de aquéllos tiempos.
También debo señalar que el enfoque de- tan de innovación cuando estuve en la universidad - y el conductismo que profesaba uno de mis profesores en la universidad tuvieron mucho que ver en que yo me sumara a la tarea de intentar que todo lo que tuviera que ver con buscar comportamientos uniformes se desglosara a niveles de detalle a uno que no tiene alma de progamador de sistemas ni la precisión de un relojero, pueden fundirle las neuronas por mero estrés.
Esto sucede porque en el fondo de mi hay una persona que de haber podido sería hippie, quisiera invitar al caos a que formara parte de vida (y vivir muy contenta con esto), pero mi educación es muy fresa para optar por algo más relajado... y entre una parte que me jala al caos y otra que me requiere orden, donde casi siempre gana el súper yo; como a veces uno tiende a actuar de manera opuesta a lo que realmente aspira, supongo que tanto control tenía que ver con esta actitud de pedir tantos datos, y controlar tanto los procesos.
Todo esto surge porque el trabajo que debo entregar hoy, con el nivel de detalle que me piden rebasa todo lo que pudiera imaginar en mi momento más retorcido para controlar (perdón, supervisar) un trabajo en donde se debe asegurar un comportamiento uniforme... ¿Tiene algún propósito este nivel de detalle cuando me toca trabajar con conceptos como la libertad, el diálogo y llevar a los alumnos a reflexionar sobre lo útiles que resultan para tomar buenas decisiones en la vida y ser responsables?
Irónico... sin duda.
Solo para anotar, ya hasta en Hacienda se dieron cuenta que para que las personas paguen impuestos, tienen que hacerles más fácil el registro, y el pago... y parece que ahí la llevan (bueno, si de todas maneras vas a darle un trancazo al contribuyente, se agradece cierto nivel de decencia).
Pero como hay justicia en esta vida, supongo que hoy me tocó descubrir que pedir demasiado para asegurar que otro lleva a cabo un buen trabajo es rasgo que refleja el nivel de confianza entre unos y otros.
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